La Huella Ecológica es la medida del impacto de las actividades humanas sobre la naturaleza, representada por la superficie necesaria para producir los recursos y aboserber los impactos de dicha actividad. Esta superficie suma la tierra productiva (o biocapacidad) necesaria para los cultivos, el pastoreo y el suelo urbanizado, zonas pesqueras y bosques el área de bosque requerida para absorber las emisiones de CO2 de carbono que los océanos no pueden absorber. Tanto la biocapacidad como la Huella Ecológica se expresan en una misma unidad: hectáreas globales (hag).
A través de la historia, la capacidad de la naturaleza para absorber el impacto del desarrollo humano ha tenido límites. En tiempos pasados, la contaminación y otras presiones desembocaron, sobre todo, en el deterioro de los ambientes locales. Pero hoy, además, hemos forzado a escala planetaria los límites de la resiliencia de la naturaleza.
EL CAMBIO CLIMÁTICO
Es un cambio en el clima que es atribuido directa o indirectamente a las actividades humanas que altera la composición global de la atmósfera y a la variabilidad climática que ha sido comparada con otros periodos de tiempo.
El cambio de temperatura actual está sucediendo en un espacio de tiempo muy corto, esto se vincula al aumento en la concentración de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) como el dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), vapor de agua (H2O), ozono (O3) y óxido nitroso (N2O).
El 68% de las emisiones globales vienen de sólo diez países entre ellos México, contribuyendo con el 1.68%. Las principales fuentes de emisiones de los GEI en México son el transporte, la generación de electricidad y la industria.
Es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. Las alteraciones en los patrones de los eventos climatológicos y las temperaturas extremas son cada vez más comunes y aumentarán si hay una mayor concentración de gases de efecto invernadero.
El cambio climático pone en riesgo la salud, la seguridad alimentaria y energética, así como el acceso al agua de millones de mexicanos.
10 medidas concretas para ayudar a frenar el cambio climático:
1. Cambia las bombillas
Reemplazar una bombilla tradicional por una de bajo consumo ahorra más de 45 kilogramos de dióxido de carbono al año. Cierto que la segunda es más cara, pero resulta más económica a lo largo de su vida. Una sola de ellas puede reducir hasta 60 euros los gastos de electricidad, según la Comisión Europea.
2. Apaga la tele y el PC
Sólo con apagar la televisión, el DVD o el ordenador cuando no estén en uso evitarás que miles de kilos de CO2 salgan a la atmósfera. No dejes los aparatos eléctricos en stand-by (espera): un televisor que permanece encendido durante tres horas al día (la media que los europeos ven la tele) y en stand-by las 21 horas restantes consumirá un 40 por ciento de la energía total en el modo de espera.
No dejes el cargador de tu móvil enchufado todo el tiempo, aunque no esté conectado al teléfono, porque seguirá consumiendo electricidad.
3. Conduce menos
Anda, monta en bicicleta, usa el transporte público. Ahorrarás 30 gramos de CO2 por cada 4,5 kilómetros que no conduzcas. Por cada litro de combustible que quema el motor de un coche, se libera una media de 2,5 kilos de CO2, según la Comisión Europea.
Bruselas también recomienda no correr con el coche: gastarás menos gasolina y emitirás menos CO2. Ir a más de 120 kilómetros por hora aumenta un 30 por ciento el consumo de combustible, frente a una velocidad de 80 kilómetros por hora.
4. Revisa los neumáticos
Si la presión de tus neumáticos baja 0,5 bares, tu coche consumirá un 2,5 por ciento más de combustible y, por tanto, liberará un 2,5 por ciento más de CO2. El ahorro de cuatro litros de gasolina evita la emisión de seis kilos de dióxido de carbono.
5. Recicla
Puedes ahorrar más de 730 kilos de CO2 al año al reciclar la mitad de la basura que se produce en casa.
6. Evita mucho embalaje
Escoge productos con poco envase: una botela de 1,5 litros genera menos residuos que tres de medio litro. En la compra usa bolsas reutilizables. Evita las toallitas húmedas y de papel. Puedes evitar la emisión de 1.100 kilos de CO2 si reduces tu basura un 10 por ciento.
7.Menos agua caliente
Es necesaria una gran cantidad de energía para calentar agua. Instala un regulador de caudal del agua en la ducha y evitarás la emisión de más de 100 kilos de dióxido de carbono al año.
Lava con agua fría o tibia y ahorrarás 150 kilos de CO2. Ahorras agua caliente y gastas cuatro veces menos energía si en vez de un baño te das una ducha. Cierra el grifo mientras te lavas los dientes. Asegúrate de que tus grifos no gotean: el goteo de uno puede hacer perder en un mes el agua suficiente para llenar una bañera.
8. Vigila los electrodomésticos
Tapar la cazuela mientras cocinas es un modo de ahorrar mucha energía. Aún mejor son las ollas a presión y las vaporeras, que ahorran un 70 por ciento de energía.
Usa la lavadora y el lavavajillas sólo cuando estén llenos. Si no lo están, usa programas económicos. No hace falta poner una temperatura alta, hoy los detergentes son eficaces incluso cuando es baja. Recuerda que si el frigorífico y el congelador están cerca de los fuegos o de la caldera, consumirán mucha más energía. Si éstos son viejos, descongélalos periódicamente. Los nuevos tienen ciclos automáticos de descongelación y son casi dos veces más eficientes. No pongas en la nevera alimentos calientes o templados; ahorrarás energía si dejas que se enfríen primero.
9. Ajusta el termostato
La oscilación de dos grados centígrados en invierno y en verano ahorra más de 600 kilos de dióxido de carbono por hogar en un solo año. Bajar la temperatura un grado puede reducir la factura de la calefacción entre un 5 y un 10 por ciento. Cuando ventiles tu casa, abre las ventanas unos minutos, no dejes escapar el calor mucho tiempo.
Si dejas una pequeña abertura todo el día, la energía necesaria para mantener el interior caliente durante seis meses de frío será de casi una tonelada de emisiones de CO2. Aísla bien tu casa. No abuses de los aparatos de aire acondicionado, consumen mucha energía y emiten unos 650 gramos de CO2. Y supone un coste en tu factura de 10 céntimos de euro por hora.
10. Planta un árbol
Un solo árbol absorbe una tonelada de dióxido de carbono durante toda su vida.
Fuente: Campaña de concienciación - CE
CAMBIO CLIMÁTICO Y SUS CAUSAS
BIOCAPACIDAD
La idea de un progreso lineal, extensible, incrementativo, que no tendría límites, encontró sus primeros detractores en la década de 1880: entre otros, un biólogo escocés, Geddes, y un médico ucraniano, Podolinsky, dieron a la luz textos pioneros sobre los límites de un crecimiento económico basado en la explotación intensiva de recursos naturales. Esos límites vienen dados por realidades de la naturaleza: Las escritas por las leyes de la termodinámica, en virtud de las cuales la energía no sólo se transforma y se conserva, también se disipa. La capacidad máxima de carga de la Biosfera. La finitud de los recursos cuyas reservas disminuyen más rápido a mayor ritmo extractivo y cuyos ciclos naturales de reposición son muy largos. Límites que advierten de la intensidad de la acción humana, y acentuada, hoy en día, por: el auge del consumismo, el incremento de la demanda en los países emergentes, China e India sobre todo y el aumento de la población mundial con su necesidad de agua potable y alimentos. Pero aquellos precursores no fueron suficientemente escuchados y ha tenido que llegar el final del siglo XX, con sus problemas ambientales globales, destacando el cambio climático, para que se reconociera lo ilusorio de la creencia en el progreso ilimitado.
La huella hídrica es un indicador medioambiental que define el volumen total de agua dulce utilizado para producir los bienes y servicios que habitualmente consumimos . Es una variable necesaria que nos dice el agua que nos cuesta fabricar un producto.
Tradicionalmente, las evaluaciones de los usos del agua se realizaban exclusivamente midiendo o estimando las captaciones de las fuentes superficiales o subterráneas, ignorando la producción de bienes y servicios finales, sin tener en cuenta que estos productos se realizan en largas cadenas de producción con consumos específicos dentro de cada una de las etapas y con impactos específicos según cada zona.
El indicador denominado 'huella hídrica' (HH) trata de suplir esta deficiencia, buscando evaluar el nivel de apropiación e impacto sobre los recursos hídricos que requiere la producción de un bien o la prestación de un servicio a lo largo de toda su cadena de producción, incluyendo, en el cálculo, las materias primas. Su cálculo se establece de forma modular, es decir, sumando las necesidades de uso y consumo de agua de cada etapa de producción desde el origen hasta el consumidor final.
El Prof. Arjen Hoekstra (Universidad de Twente, Países Bajos) fue quien puso las primeras bases conceptuales y dio el nombre a este indicador de sostenibilidad. Hoy en día es calculado por centenares de investigadores, empresas, como Aquafides, y gobiernos, incluido el español, en todo el mundo.
La huella hídrica se mide en unidades de volumen (litros o metros cúbicos) por unidad de producto fabricado o servicio consumido, y consta de tres sumandos que se han denominado según los colores asignados usualmente al agua: la huella hídrica verde contiene la fracción de huella que procede directamente del agua de lluvia o nieve y que se almacena en el suelo en capas superficiales al alcance de las plantas; la huella azul se refiere al agua que procede o se capta de fuentes naturales o artificiales mediante infraestructuras o instalaciones operadas por el hombre; y, por último, la huella gris se refiere al volumen de agua contaminada en los procesos y que posteriormente es necesario diluir para cumplir con los parámetros exigidos por la normativa sectorial del cauce u organismo receptor de los vertidos finales de proceso.
¿Para qué sirve?
La Huella hídrica nos hace tomar conciencia del consumo de a
gua que necesitamos en todas nuestras actividades. La huella hídrica nos sirve para tener un valor de referencia en nuestro uso del agua y sobre todo el valorar donde podemos mejorar como Organización. Nos sirve de base de partida para establecer un manejo eficiente del agua y el establecimiento de objetivos.
Importancia de los Usos del
agua
Como parte de los Seres Vivos, en la
necesidad de nuestras actividades cotidianas y sobre todo el Ciclo de Vida, una de las acciones fundamentales y que
requerimos indefectiblemente es la Alimentación, sin la cual se nos
vería imposibilitado el desarrollo de nuestro organismo como también la
reparación y restauración de los tejidos que lo conforman, además de obtener la
energía que necesitamos para nuestras distintas actividades.
Entre estos Alimentos, uno de
los más fundamentales y que garantiza la presencia de la Vida en nuestro planeta es uno de los que más
abunda el Agua, una sustancia que ocupa casi las tres cuartas parts del Planeta Tierra y
que contribuye a la base de toda la Cadena Alimentaria,
ya que es aprovechada por las Especies Vegetales.
Es así que las plantas necesitan del Agua para poder
absorber los nutrientes que se encuentran en el suelo y mediante el proceso
de Fotosíntesis (en
el que interviene además la absorción de Dióxido de Carbono del
aire y la Luz Solar) fabricar una de las
principales fuentes energéticas para los seres vivos, el Almidón o Azúcares, siendo luego consumidas por los
organismos que tienen Alimentación Hervíbora y
éstos a su vez consumidos por otros de Alimentación Heterótrofa.
Otra de las importancias que tiene el Agua en su
presencia en el planeta está en la presentación de su Estado Sólido, ubicándose en los extremos conocidos
como Polos Norte y Sur y funcionando como el suelo y
sustento para los animales que se desarrollan en un Ecosistema Helado, algo que
últimamente ha entrado en peligro por los agujeros en la Capa de Ozono y el
calentamiento global que está progresivamente derritiendo los hielos.
¿Cómo ahorrar agua?
Por Redacción National Geographic
11 de
enero de 2016
El agua
es la fuente de la vida y en este planeta una minúscula cantidad, menos del
1% del agua, está disponible para cerca de 7 billones de persona y una
multitud de ecosistemas de agua dulce. Esa minúscula cantidad es la que tenemos
que utilizar para cubrir todas nuestras necesidades, riego, industria, agua
potable y servicios sanitarios y las necesidades de miles, sino millones, de
otras especies con las que compartimos el planeta.
El estilo
de vida medio americano exige unos 6.800 litros diarios y el 70% de esa
cantidad está destinado a sustentar nuestra alimentación. Si cada uno de
nosotros aprendiera a conservar solo un poco más de agua, podríamos conseguir
grandes ahorros. La compañera de Freshwater de National Geographic, Sandra
Postel, piensa que deberíamos comenzar con estos sencillos cambios:
Elige un
jardín exterior apropiado a tu clima. Las plantas y el césped autóctono que
prosperan únicamente gracias al agua de lluvia son los mejores.
Instale
alcachofas de ducha de bajo caudal y aireadores para los grifos. Al ahorrar
agua caliente, también reducirá su factura eléctrica.
Si está
buscando un inodoro, compre uno de bajo volumen, ultra bajo volumen o con doble
cisterna.
Arregle
los grifos que goteen. Todas esas gotas desperdiciadas pueden llegar a alcanzar
los 37-95 litros de agua al día.
Solo
ponga en funcionamiento el lavavajillas y la lavadora cuando estén llenos.
Cuando sea la hora de sustituirlos, compre un modelo que sea eficiente en
cuanto al consumo de agua y energía. Recuerde que ahorrando agua, ahorra
energía y ahorrando energía, ahorra agua.
Coma un
poco menos de carne, especialmente ternera. La fabricación de una hamburguesa
normal puede requerir unos 2.300 litros.
Compre
menos cosas. La fabricación de todas las cosas gasta agua. Así que si compramos
menos, reducimos nuestro consumo de agua.
Recicle
el plástico, el vidrio, los metales y el papel. Compre productos reutilizables
en lugar de productos de usar y tirar, ya que la fabricación de casi todo
requiere agua.
Cierre el
grifo mientras se cepilla los dientes y lava los platos. Recorte en un minuto o
dos el tiempo que dedica a la ducha. Incluso las cosas más pequeñas pueden
marcar la diferencia si las hacen millones de personas.
Entérese del origen del agua que
bebe, el río, el lago o el acuífero que suministre a su hogar. Una vez que lo
conozca, se preocupará por él. No querrá malgastar el agua.